Foro Patriótico y Popular

 

 
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La necesaria contracara a la provincialización del conflicto

 

Malvinas, la provincia 24

 

Por Eduardo Mariano Lualdi*

 

Malvinas, todos los archipiélagos australes, mares adyacentes, Antártida y Patagonia  (Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén), forman parte del mismo complejo geopolítico, geoestratégico de Argentina y América del Sur: el dominio del paso interoceánico Atlántico Sur-Pacifico Sur, el Atlántico sudoccidental, el vínculo con África, la Antártida y la ruta transpolar. Economía, recursos naturales (petróleo, agua dulce, nódulos polimetálicos, pesca, etc.), dispositivo militar, etc., son componentes del interés geopolítico de dominio de esta parte del mundo de partes de todas las potencias mundiales.

 

Esta visión tuvo Storni y está en los fundamentos de su concepción sobre el rol de la Armada Argentina. Y esta concepción está presente en el trabajo del Cnel. (R) Francisco Javier de Guernica (1) cuando señala que no se puede tener control efectivo de Malvinas y el Atlántico Sur sin control efectivo sobre la parte continental de la Argentina y, por opuesto, no se puede tener control seguro del continente sin tener dominio sobre Malvinas, demás archipiélagos australes y mares adyacentes - Atlántico Sur. El objetivo geopolítico a largo plazo del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte es dominar la parte continental de la Argentina y suramericana.

 

El Reino Unido de Gran Bretaña se aseguró, luego de su victoria en la Batalla por Malvinas de 1982, el control político y militar mediante los Acuerdos de Madrid de octubre de 1989 y febrero de 1990. Los Acuerdos de Madrid son la viga maestra sobre la que se desarrollan las relaciones argentino-británicas desde 1989 y forman parte de las regulaciones que el Reino Unido y las demás potencias impusieron a la Argentina por entonces. A esos Acuerdos le sucedieron otros públicos y secretos que consolidaron aun más el dominio colonial de los territorios usurpados. La prueba más tangible de esos Acuerdos que resultaron en una virtual rendición de la dirigencia argentina, es la destrucción de todo el sistema de Defensa Nacional, incluida la privatización de YPF.

 

El Reino Unido fortaleció posteriormente su posición, al firmarse el Acuerdo de Lisboa en diciembre de 2007, por el que la Unión Europea considera territorios de ultramar de la alianza europea a nuestros territorios usurpados incluido el Sector Antártico Argentino. Son pues los “Territorios británicos de ultramar asociados a la Unión Europea”, bajo el disfraz de relaciones económicas. Desde estas posesiones coloniales, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la propia Unión Europea en unidad y lucha con el Imperio británico, tienen una extraordinaria base de operaciones contra nuestro país y contra nuestro continente. Tienen en Malvinas la base de Mount Pleasant,  base inglesa asociada a la OTAN, que es la base extranjera y extracontinental más importante en Suramérica y que puede operar con cualquier otra instalada en el continente. Y todo esto en alianza estratégica con EE.UU. que desplego su cuarta Flota en estas latitudes, entre otras. De esta situación de ocupación colonial y pretensiones de dominio de las potencias mundiales, proviene el principal peligro de secesión de la Argentina y Suramérica continental: la fractura a manos del imperialismo y el colonialismo de la Patagonia Argentina y la Patagonia Chilena, es decir, el extremo sur de Suramérica.

 

Pero la Argentina y Suramérica ya están fracturadas en este extremo sur del continente.

No debe olvidarse nunca que la Argentina es un país con parte de su territorio ocupado e invadido militarmente por una potencia extranjera, es un país dividido. Siendo la Argentina parte de Suramérica, la propia Suramérica es la que esta fracturada a manos del eje Londres-Washington, base de la alianza OTAN (y extra OTAN como resulta de la ocupación de Malvinas). En un mundo en grave crisis económica que en análisis anteriores definimos como devastadora y de una profundidad imprevisible, superior por múltiples razones a la de 1929, están cuestiones adquieren una importancia más que relevante: disputa por el control de posiciones estratégicas y disputa por el control de los recursos estratégicos. Los ejercicios militares denunciados últimamente de parte del Reino Unido en nuestros mares, demuestran que el Reino Unido no se prepara para ninguna negociación pacífica en vistas a reintegrar el ejercicio pleno de la soberanía de los territorios usurpados. Así como en economía, en defensa nacional la Argentina no está blindada, está enferma y su expresión es la subsistencia de los Acuerdos de Madrid y todo el andamiaje jurídico y político de sometimiento a la potencia ocupante.

 

A esos peligros de secesión continental de la Argentina y Suramérica a manos del Reino Unido que enumeramos, se le debe incorporar: el dominio territorial que tiene en el propio continente mediante las estancias de la corona británica en la Patagonia o el latifundio de Joe Lewis con aeropuerto incluido en Río Negro, para el descenso de aviones de gran porte como los que usa la OTAN, a solo dos horas de Malvinas (2), entre otras posesiones.

 

Todo el Sector Antártico Argentino (y la mayoría del Sector Antártico Chileno) es reclamado por Gran Bretaña con el respaldo de la Unión Europea; en él, la Argentina ha retrocedido en franca caída desde la década del 90. Hoy, la situación es de abandono y la falta de una política antártica esteriliza todo el sacrificio que el personal de las FF.AA. y civiles hacen para sostener la presencia argentina en las latitudes mas australes del planeta; la defensa de la soberanía en la Antártida reclama el retorno a la mejor política antártica de nuestro país, la que arranca en 1904 y que con Perón - Pujato se convierte en política de Estado.

 

Y se debe incorporar al análisis de los peligros inmediatos contra nuestra soberanía e integridad territorial, la ocupación de más de 300.000 ha por el imperialismo chino en Río Negro; allí, esa incrustación de la nueva China imperial en el continente, se constituye en una formidable base de operaciones para su estrategia de expansión en esta parte del globo.

 

A contramano de esta realidad geopolítica, el gobierno nacional, reunió en una sola provincia a Tierra del Fuego, Malvinas, archipiélagos australes y Antártida. Lo que se pretende presentar como un desarrollo y fortalecimiento en nuestra lucha por la plena soberanía en el continente, los territorios usurpados y la Antártida, es en realidad un grave debilitamiento de la posición argentina, reduciendo, de hecho, el conflicto a uno de carácter casi provincial. O para plantearlo de otro modo, al abrir de hecho el camino a la “desnacionalización” de la lucha anticolonial, la misma queda debilitada, frente a un enemigo experto en el arte de dividir para reinar y que utiliza a fondo el arte de la aproximación indirecta a sus objetivos estratégicos. Lo que el Ejecutivo Nacional presenta como un fortalecimiento de la zona en disputa incluida la propia Isla de Tierra del Fuego, apelando a reconocidos sentimiento patrióticos de su población, deviene con esta organización territorial en un debilitamiento de la zona en disputa incluida la propia Isla, dado que ella misma está en el centro de la zona en disputa y es parte de los objetivos coloniales británicos y de las demás potencias imperialistas. Lo que se debería fortalecer y jerarquizar, se la debilita y desjerarquiza.

 

Conviene recordar que en 1908, Gran Bretaña declaró de su soberanía todos los territorios patagónicos argentinos y chilenos que se encontraban debajo del paralelo 50 ° Sur, a la altura del actual Puerto de Santa Cruz. Gran Bretaña los declaró Dependencias de las Falklands en una Carta Patente del Rey Edward, quien conocía bien estos territorios puesto que había participado del Laudo arbitral argentino-chileno del Estrecho de Magallanes de 1902, lo cual indica que sabía de los activos Puertos de Punta Arenas y Ushuaia, así como del descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia en 1907, y de las muestras geológicas que indicaban la existencia de carbón de coke en la zona del actual Río Turbio. Esa pretensión se mantuvo vigente hasta 1917 en que el nuevo Rey George las moderó apenas, manteniendo a las Malvinas, Georgias, Sándwich y todo nuestro Sector Antártico más una gran parte del chileno. Este antecedente histórico de 1908/17, es actualmente esgrimido por los británicos en su reclamo de territorios hasta el Polo Sur.

 

Introducir al gobernador de la provincia de Tierra del Fuego en el Comité de Descolonización, no fortalece ni las presentaciones ni las ponencias argentinas en dicho organismo; a nuestro entender, es la confesión internacional de que la cuestión Malvinas para el Estado argentino es el tecnicismo de una “controversia territorial” -como señala el ministro Rossi en su nota al Foro Patriótico y Popular (en polémica con algunas opiniones del artículo “La necesidad de definiciones contra la ocupación colonial británica)-, o de una “cuestión de límites” como caracterizó en su momento la Dra. Pfirter cuando el debate sobre el relevamiento de la plataforma argentina, proclamando así la aceptación tácita al Reino Unido como país limítrofe con la Republica Argentina (el triunfo político del Reino Unido de “Estado ribereño” en el Atlántico Suroccidental). Aparece como habilitando a la contraparte la presencia de los representantes del Consejo Legislativo del gobierno colonial habilitado por la orden real de la Reina, que buscan así establecer antecedentes favorables para su estrategia de “autodeterminación”.

No abordamos aquí todo lo que hace a la cuestión petrolera largamente analizado en el ensayo de Cafiero-Lorens “Lo que se viene en Malvinas”, que puso al descubierto al fideicomiso Austral impulsado por el gobierno nacional en ancas de las necesidades financieras de la provincia.

 

La provincialización del conflicto de Malvinas es un error geopolítico.

Y la decisión de reunir en una única provincia tres componentes del complejo geopolítico del Atlántico Sur, da forma institucional a ese error del Estado Argentino.

La organización de dicha provincia puede ser presentada como un hallazgo federal, pero es justamente todo lo contrario. Para hablar de federalismo hay que volver a Artigas, a Güemes, a Belgrano.

Desde la reforma de 1994, la Argentina profundizó decididamente el alejamiento del federalismo y fue desarrollando un unitarismo centralista asfixiante para las economías, cultura y sociedad de las provincias argentinas. Lo que se presenta como federalismo, es en realidad una política de afianzamiento de republiquetas, ora petroleras, ora sojeras, ora mineras. Sus representantes suelen ser, por ende, subordinados a los intereses de esta oligarquía contemporánea. En este sentido se inscribe el fideicomiso Austral del que hablan Cafiero-Llorens: una concesión petrolera manejada con el gobierno central para provecho del grupo nacional y en parte para la provincia y/o el grupo petrolero local.

 

No obstante, desde el punto de vista de las verdaderas necesidades y de los verdaderos intereses de la Tierra del Fuego, la Patagonia argentina, la Nación Argentina y la unidad de Suramérica, lo que corresponde es declarar a Malvinas como la provincia 24. Con todos los derechos correspondientes a cualquier otra provincia de la Nación, instaurando la correspondiente banca transitoriamente vacía en el Congreso de la Nación. Garantizar esos derechos es atenerse a la decisión argentina de respetar los intereses de los isleños,  y acompañar esta decisión procediendo a la expropiación de los bienes coloniales para entregarlos en propiedad a los habitantes de las Islas para que estos desarrollen en unidad con la Nación una solida economía regional; esto, será un importante elemento (podría ser definitorio) en las negociaciones por la devolución de los archipiélagos al ejercicio pleno de la soberanía argentina, brindando una opción que conjugue el deseado final del quebrantamiento territorial con el precitado desarrollo.

 

En la Antártida, hay que volver a los postulados de los Generales Perón y Pujato, teniendo presente que esto representa un viraje estratégico en relación a la política antártica desarrollada hasta hoy. Hablamos del retorno al principio de un país continental y marítimo y un país bicontinental, principio que sentó las bases para la formación de un lago argentino-suramericano en el atlántico sudoccidental, contrapuesto al lago británico y europeo que consolida el Acuerdo de Lisboa. Un viraje a Perón – Pujato junto a un intenso fortalecimiento del conocimiento y el desarrollo científico antártico argentino, crearía las condiciones para, en el momento oportuno, la Nación pueda organizar también otra una nueva provincia en el continente Antártico: la provincia 25.

 

(1)   Defensa Nacional, desafío de nuestro tiempo, CUADERNOS para el encuentro en una nueva huella argentina N01 y N018.

 

(2)   Al respecto, conviene resaltar el silencio absoluto que las autoridades nacionales guardan sobre la construcción y operación de este aeropuerto a manos del magnate ingles Joe Lewis.