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Opinión

 

 
                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desmalvinización, incertidumbre y represión como política de Defensa Nacional

 

Por Eduardo Mariano Lualdi

 

"Queremos desactivar por ridículas afirmaciones de una potencia colonial que sigue ocupando territorio argentino acerca de que somos un país preparado para el ataque". “Si algo ha caracterizado a la Argentina desde el advenimiento de la democracia y también a lo largo de su historia ha sido la de carecer de hipótesis de conflicto".

Dr. Cristina Fernández de Kirchner

 

En sus discursos del 25 de enero y del 7 de febrero del corriente, la Dra. Fernández de Kirchner retomó la caracterización de la reconquista de las Islas Malvinas de manos del usurpador británico como una “cobarde agresión” contra el Reino Unido de Gran Bretaña, como la estigmatizara su esposo, el Dr. Néstor Kirchner, al periódico ingles The Guardian, en 2007. La presidente llevó esa caracterización hasta su extremo, y enunció de manera pormenorizada la nueva versión de la desmalvinización, política de Estado impuesta por las potencias mundiales a la Argentina, luego de la derrota en la Batalla por Malvinas, en junio de 1982.

Desde junio de 1982 en adelante, la desmalvinización se constituyó en política de Estado y con distintos ropajes, campeó en los discursos y las acciones de los gobiernos gerenciales de turno. La desmalvinización representa un sistema político, económico, jurídico e ideológico, que compendia la política de sumisión nacional impuesta a la Argentina por las potencias imperialistas y colonialistas, por su osadía de recuperar lo que le pertenece, el 2 de abril de 1982.

Dijimos oportunamente: “La desmalvinización tiene como núcleo político y conceptual el rechazo y el castigo a la decisión de una pequeña nación del tercer mundo, parte de los países destinados a ser “globalizados” por los poderosos del planeta, de recuperar para su soberanía de manos del colonialismo británico las Islas Malvinas usurpadas en 1833”. La desmalvinización impone el repudio al acto recuperatorio del 2 de abril de 1982, negándole su carácter de acción justa y soberana, y despojando de la condición de Gesta a la Batalla por Malvinas. Ni acto recuperatorio ni gesta patriótica: el 2 de abril es, para la Dra. Fernández de Kirchner, una afrenta histórica que debe ser borrada de la conciencia política del pueblo argentino.

En 2003, el kirchnerismo se presentó ante el conjunto de las minorías gerenciales como el instrumento político más apto para cerrar el tumulto popular abierto con los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Se ofreció para cegar el reclamo popular de “que se vayan todos” y garantizar que se queden todos. Ahora, “juntando las cabezas” todos los que rechazan la acción patriótica del 2 de abril de 1982, se ofrece al conjunto de esas minorías antinacionales como la herramienta política adecuada para cerrar el proceso patriótico y anticolonial que impulsó el pueblo argentino desde el 2 de abril de 1982, cuando irrumpió en un masivo apoyo a la causa de la reconquista de los archipiélagos australes, sorprendiendo a propios y extraños. Este apoyo popular, repudiado por la Dra. Fernández de Kirchner, es estigmatizado como el producto de la ignorancia y confusión de las amplias mayorías nacionales, las que, de acuerdo a la lógica de la Presidente, estuvieron incapacitadas de comprender la esencia de un fenómeno político y fueron fácilmente manipuladas por los medios de difusión.

La movilización popular hasta su desarrollo en puebladas, es un camino político que ha recorrido el pueblo argentino en distintos momentos de su historia. Debería reconocerlo la Dra. Fernández de Kirchner porque justamente de una pueblada, el 17 de octubre de 1945, emergió el peronismo que se impuso en las elecciones de febrero de 1946. En esta perspectiva histórica se inscribe la movilización popular que esas amplias mayorías nacionales protagonizaron en 1806 y 1807, cuando enfrentaron al invasor ingles hasta constituirse en ejercito ciudadano, el que originó las nuevas fuerzas militares, entre ellas el Regimiento de Infantería de Patricios Nº 1, que combatió en Malvinas en 1982.

El triunfo patriótico y popular frente al invasor británico de 1806 y 1807, cristalizó en un desarrollo, en el primer gobierno patrio del 25 de Mayo de 1810 -nuestra insurrección triunfante-, a partir de la cual se constituyeron los ejércitos Patrios de la larga guerra de la emancipación que culminó en Tumusla en abril de 1825.

Esa misma incomprensión y ese mismo desprecio que evidencia la Dra. Fernández de Kirchner de los modos políticos con que el pueblo argentino avanza políticamente, expresó el Dr. De la Rúa, cuando impuso el Estado de sitio en diciembre de 2001, suponiendo que la ciudadanía resignaría sus reclamos, sin suponer que sería esa la chispa que encendería la rebelión conocida como el Argentinazo, que pondría fin a su gobierno y con el que se abrió un camino plenamente vigente para nuestra Nación.

Esa incomprensión y ese desprecio son los que condujeron al kirchnerismo a la debacle durante la rebelión agraria, cuando la represión en Gualeguaychú lanzó a millones de argentinos a la lucha, expresándose en multitudinarios cortes de rutas, y sumiendo al kirchnerismo en una impensada derrota cuando lanzó la resolución confiscatoria Nº 125.

 

Ese sistema político, económico, jurídico e ideológico –la desmalvinización–, ha sido relanzado por la Dra. Fernández de Kirchner en sus discursos mencionados líneas arriba, y recibió el aplauso de un vasto arco político e ideológico que escenificó una curiosa amalgama, una mixtura política que abarcó desde el PRO al CEMIDA. La diferencia entre éste y los anteriores procesos desmalvinizadores es que éste se despliega apelando a varias proposiciones:

1.- repudio total a la recuperación patriótica de las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982, insertándose así dentro del orden imperial que reclama la renuncia expresa a la reivindicación de esa acción contra el colonialismo y el imperialismo;

2.- compromiso absoluto mediante el desarme unilateral, de que la Argentina nunca se defenderá de la agresión colonialista inglesa;

3.- compromiso de que la Argentina nunca afectará los intereses económicos británicos en el continente;

4.- acciones diplomáticas a nivel continental e internacional tendientes a mantener el reclamo diplomático de la causa de Malvinas. En este sentido se inscribe la decisión del Mercosur de no permitir el amarre de buques con bandera Kelper pero que no involucra buques con bandera del Reino Unido, quedando establecido así el alcance y el límite de la solidaridad sudamericana. Se verá si este límite puede ser superado en el futuro. Mencionamos también la denuncia sobre la militarización del Atlántico Sur de parte de la potencia ocupante en distintos organismos internacionales.

Esta “desmalvinización malvinizadora -como la han caracterizado sectores antiimperialistas- impulsada por el kirchnerismo, es parte de una política de Defensa Nacional que rechaza la existencia de una hipótesis de conflicto (las hipótesis de conflicto son orientadoras de las políticas de Defensa y Seguridad nacional en todos los países) y propone “en reemplazo del modelo basado en hipótesis de conflicto” que “el Planeamiento Estratégico Militar y el correspondiente diseño de fuerzas del Instrumento Militar”, se elabore “conforme al criterio de ‘capacidades’ como factor de planeamiento, esto es, deberá formularse en función de alcanzar y consolidar la aptitud de ejecutar en forma autónoma la completa gama de operaciones” que demanden “todas las formas genéricas de agresión que se manifiestan en los conflictos convencionales de origen externo generados por actores estatales”. Y define el modelo de nuestra Defensa como “un modelo de defensa de carácter ‘defensivo’".

Al mismo tiempo, como hemos afirmado con anterioridad, “promueve que las Fuerzas Armadas se transformen en una Guardia Nacional interna retrotrayéndonos a la Teoría de la Seguridad Interior para la cual el enemigo se manifiesta en todo reclamo popular y patriótico, reclamo que es tomado como efectiva hipótesis de conflicto, dejando la defensa nacional en manos de potencias extranjeras y convirtiéndonos en un verdadero “protectorado” con independencia formal o parcial. (1). “La Ley antiterrorista impulsada por la Dra. Fernández de Kirchner a pedido de EE.UU., el Reino Unido y otras potencias imperiales a través del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), y votada a libro cerrado por sus Diputados y Senadores, es una clara e indudable muestra de esto.”(1). La reciente denuncia de espionaje interior por la Gendarmería por órdenes del gobierno nacional es demostrativa de esta afirmación. Siempre en el mismo estilo: aparente defensa de los Derechos Humanos y violación de los mismos (y de la propia ley de Defensa) investigando a ciudadanos y efectuando espionaje contra ellos, por el sólo delito de protestar o manifestar su oposición a medidas antinacionales y antipopulares. Dirigentes sociales, gremiales, veteranos de Malvinas, ciudadanos anónimos, etc. son objeto del espionaje oficial. Pero a la vez, asegura al ciudadano inglés Lewis la propiedad y operatoria de un aeropuerto en el paralelo 42 donde, en dos horas, pueden desembarcar aviones provenientes de la base colonialista inglesa asentada en Malvinas y partir el territorio continental en dos.

Es evidente que el gobierno elude encarar una premisa (no la única) para la Defensa Nacional: la Argentina es un país dividido, porque parte de su territorio está ocupado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, una potencia militar extranjera, una potencia colonialista, que aspira a colonizar más de cinco millones de kilómetros cuadrados que comprenden: Malvinas, Santiago, San Pedro, mares adyacentes, su plataforma continental y la totalidad del Sector Antártico Argentino. Desde esa usurpación, amenaza la integridad territorial de la Argentina. No necesitamos extendernos en estas consideraciones, porque son hechos por todos conocidos. Por lo tanto, partimos de esta premisa para enunciar la hipótesis de conflicto: la ocupación colonial de nuestros territorios de parte del Reino Unido de Gran Bretaña, bajo el paraguas de la Unión Europea y en alianza estratégica con EE.UU.

Sin embargo para el Gobierno no existen hipótesis de conflicto, porque éstas han sido erradicadas de la doctrina de Defensa Nacional.

Por lo tanto, no puede haber un planeamiento estratégico militar (estratégico significa importante, valioso, vital, trascendental, trascendente, principal, necesario, indispensable, etc.) y, menos aun, el correspondiente diseño del instrumento militar (el tipo de FF.AA.) conforme a un supuesto criterio de capacidades para enfrentar hipotéticas amenazas, formas genéricas de agresión.

Y si no existe una hipótesis de conflicto (por lo que no se puede realizar ninguna planificación estratégica militar, ni diseñar el tipo de FF.AA. que necesita la Argentina para garantizar su integridad territorial e independencia frente al colonialismo y el imperialismo) lo que se impone es la doctrina de la incertidumbre como resultado de esta orientación.

En el plano teórico propuesto por el kirchnerismo, la política para la defensa nacional enunciada en su Directiva para la Defensa Nacional, lleva el debate sobre la misma al ámbito estratosférico, justamente allí donde nos dejó Menem cuando “¡pum! para arriba” nos elevó en su vuelo al espacio exterior desde las humildades de la pobreza riojana, para de allí dirigirnos al Japón, donde incrédulos nipones mirarían azorados el indetenible progreso argentino ingresando por el espacio exterior al Primer Mundo prometido. Por supuesto, ni los japoneses vieron el estratosférico cohete, ni los argentinos entramos al Primer Mundo, ni la Directiva para la Defensa Nacional sirve a los fines de la recuperación patriótica de los territorios usurpados por el colonialismo británico, ni para nuestra definitiva y completa independencia nacional.

En el plano de la práctica, la política para la defensa nacional enunciada por el gobierno kirchnerista en su Directiva para la Defensa Nacional resulta en indefensión de nuestro patrimonio en tierra, mar y aire. La destrucción del sistema de Defensa Nacional (3) es parte de las imposiciones de las potencias mundiales y en especial de Gran Bretaña, a través de distintos Acuerdos públicos y secretos como los conocidos Acuerdos de Madrid de octubre de 1989 y febrero de 1990, que fueron tomados por la dirigencia argentina como una verdadera rendición incondicional frente al usurpador británico. A su vez, la decisión de retirar a la Prefectura Argentina y a la Gendarmería Nacional de sus funciones de Defensa de Fronteras para dedicarlas la seguridad interior, para hacer espionaje interno a opositores y ciudadanos que ejercen el derecho al reclamo y a reprimir la protesta patriótica y popular, también son manifestaciones de esa política de Defensa impuesta por el gobierno de los Drs. Kirchner, retrotrayéndonos a la Teoría de la Seguridad Interior conocida por nuestra Nación en décadas pasadas.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.   Ante el discurso de la Sra. Presidente en el acto de firma del decreto de desclasificación del Informe Rattenbach el día 7 de febrero de 2012, Horacio Micucci, Eduardo Lualdi, 9 de febrero de 2012. Disponible en: http://estudiosnacionales.blogspot.com/   y  en http://www.facebook.com/institutodeestudiosnacionales

2.   Los Tratados de paz por la Guerra de Malvinas. Julio C. González. Editorial El Copista. 2004.

3.   (FF.AA., industria para la defensa, desarrollo técnico y científico para la defensa, tierras de frontera integradas al sistema de defensa nacional, privatización de YPF y de recursos estratégicos, saqueo de los recursos estratégicos mineros, etc.),