Comisión Nacional por la Conmemoración del Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto de 2006) y de la Defensa de Buenos Aires (5 de julio de 2007)

Documentos

 

Los Olvidados Padres Fundadores

 

En la Plaza de Todos, la Plaza de Mayo, donde el pueblo argentino suele congregarse para manifestar sus más íntimos deseos de dignidad y libertad, arde una llama votiva en el atrio de la Catedral en honor y memoria al soldado desconocido de nuestra Independencia, pero lamentablemente en la noche y el día argentino no brilla el recuerdo y el agradecimiento del pueblo a aquellos Padres Fundadores que iluminaron  los albores de nuestra Patria.

Ninguna calle recuerda fehacientemente la Reconquista y la Defensa de Buenos Aires, salvo sendas placas de bronce, se ha omitido en la denominación de las respectivas calles el motivo, el cuando, el porqué y el como de esa Reconquista de Buenos Aires y de esa Defensa de Buenos Aires, hechos heroicos realizados  directamente por el pueblo, sin intermediarios, frente a uno de los enemigos históricos de los últimos doscientos años.

Heroicidad de un pueblo que no necesitó que nadie le cuente por donde habría de correr  la historia. El quitar de las calles respectivas el motivo de la Reconquista y la posterior Defensa, deja al transeúnte no avisado, con la sensación de recorrer dos calles nominadas así tal vez, por un hecho deportivo singular o un oscuro deseo ciudadano de los vecinos de ésta ciudad.

Creemos necesario en este proceso de reconstrucción de la memoria colectiva, recuperar para los habitantes de nuestra ciudad y para todos los provincianos, cuyos antepasados participaron en estos gloriosos hechos, el nombre original de “Reconquista de Buenos Aires” y “Defensa de Buenos Aires”. Inclusive para los extranjeros  que nos visitan, para que puedan formarse una mejor impresión de la historia de nuestro pueblo.

Podríamos seguir argumentando a favor de la recuperación de los nombres originales de estas calles, pero creemos que sería ocioso: estamos en el proceso de la recuperación de la memoria y la reconstrucción de nuestra historia íntegra y generosa; estamos situados en el campo de aquellos que luchamos por recuperar el patrimonio colectivo que nos han robado, luchamos por recuperar el recuerdo de los hombres y los hechos ejemplares que jalonaron nuestro devenir.

En este orden de ideas, debemos recordar a Don Felipe Sentenach, ideólogo y gestor de la Reconquista de Buenos Aires, al cual no recuerda una calle o una plaza de la ciudad.

La acción de Sentenach ha sido por generaciones silenciada, y si bien se recuerda el accionar de Santiago de Liniers y Bremond, de Juan Martín de Pueyrredón y Martín de Álzaga, en aquellos gloriosos días. Sin embargo, la actuación del catalán ha sido deliberadamente omitida.

A escasos 6 días del ingreso de las tropas británicas a la ciudad de Buenos Aires, junto a Gerardo Esteve y Llach, se dirigían por carta al gobernador de Montevideo; Pascual Ruiz Huidobro, (llevada en mano por los comerciantes Miguel Costa y Tejedor y Jaime Illa), exponiendo el plan que habían trazado, junto a la carta como anexo se adjuntaba un diario con los acontecimientos sucedidos desde que se avistaron las tropas inglesas hasta la pérdida de la ciudad, con prolijos informes sobre el número, porte y colocación de las fuerzas navales enemigas, estimando que las mismas serían inútiles en bajamar por su gran calado (cosa que efectivamente sucedió, impidiendo que los navíos se acercaran a la costa el 12 de agosto, con objeto de bombardear la ciudad, excepto el navío “Justine”, que encalló y fue tomado prisionero por una carga de caballería en donde participó Martín Miguel de Güemes).

El informe se completaba con un detalle de las tropas de tierra enemigas, con expresión de su número, clase, colocación, guardias y baterías. Lo que muestra que desde el mismo momento de la conquista de la ciudad, se dispuso de un plan para  su reconquista, elaborado fundamentalmente por Sentenach lo que vino a suplir lo que otros por defección dejaron de realizar. Y no sólo pusieron su voluntad sino su inteligencia y conocimientos al servicio de la Patria.

El plan que habían trazado se conoce como “plan de minas”,  pedían el envío de una tropa compuesta por mil hombres que debían desembarcar en Olivos, más doce cañones de a 24 para fortificar en tierra y 12 lanchas cañoneras para atacar la flota inglesa fondeada en el río. A las tropas enviadas se sumarían los voluntarios de Buenos Aires. Como se verá, ya el 3 de julio se vislumbraba lo que iba a acontecer el 12 de agosto. Además el plan era el primero que se elaboraba y  el gobernador de Montevideo, aprobaría casi sin modificaciones, instando a los conjurados a su realización. Liniers puesto al frente de la expedición reemplazaría el lugar de desembarco, reemplazando por el Río Las Conchas en lugar de Olivos, casi como única variante significativa.

Pero el plan debe su nombre al objetivo vislumbrado por Sentenach: producir sendas detonaciones en el cuartel de La Ranchería (lugar de alojamiento de las tropas) y en el Fuerte., para lo cual, se disponían a cavar sendos túneles, hacia los objetivos así dispuestos.

En la casa de Juan de Dios Dozo, tenedor de libros de comercio de Martín de Álzaga, los conjurados se reunieron con Tomás Valencia, José Franchi, Miguel Esquiaga, José Fornaguera, Pedro Miguel de Anzoátegui y Miguel de Álzaga. En donde se aprobó el plan de Sentenach y se fijó como punto de reunión para la conformación de las milicias urbanas, la quinta de Perdiel, propiedad del padre de Manuel Belgrano. Álzaga aportaría el dinero necesario y se designó al sargento retirado Juan Trigo y al cadete de milicias Juan Vázquez, para reclutar a los voluntarios. Nótese que un veterano, ya entrado en años y un cadete, mozo de un puñado de años, eran encargados del reclutamiento, las dos puntas de la vida se unían para  llevar a cabo tan digna empresa.

La organización del reclutamiento fue del modo celular, formándose grupos de a cinco personas a fin de no comprometer toda la organización, de un pueblo que se alzaría en armas.

Liniers se puso en contacto con el grupo de conjurados y el día 9 de julio se designó a Felipe Sentenach como jefe principal  y a Gerardo Esteva y Llach como segundo jefe y a Tomás Valencia el cargo de sargento mayor, luego de esto, Liniers cruzó el río para preparar la invasión.

El 17 de julio se alquiló una casa contigua al cuartel de la Ranchería propiedad de José Martínez de Hoz (designado Director de Aduana por Beresford), para iniciar los trabajos de túneles para colocar la mina.

El 18 de julio, Sentenach ingresó disfrazado al cuartel a fin de tomar mediante la medición de sus pasos las medidas correspondientes para la correcta colocación de la mina, hecho que repetiría varias veces, corriendo los riesgos pertinentes.

El 22 de julio recibían la respuesta del gobernador Ruiz Huidobro, que aprobaba el plan de Sentenach, de abrir conjuntamente varios frentes de conflicto: desembarco en Olivos, ataque al cuartel de la Ranchería por las tropas concentradas en Perdiel y detonación de minas. Difícilmente Beresford pudiera enfrentarlas en conjunto.

El enrolamiento de voluntarios, mientras tanto tenía singular éxito, de los quinientos iniciales la cifra trepaba a más de dos mil quinientos en pocos días, además de los que conformaban cuerpos de montados como la “Compañía Infernal” de Tomás Castellón y las Milicias de Caballería de Juan Terrada y los grupos que en la campaña organizaban Antonio Olavaria y Juan Martín de Pueyrredón.

Como hemos dicho, Sentenach ingresó varias veces al cuartel de La Ranchería a tomar medidas y cerciorarse de los ruidos ocasionados por los zapadores, encargados de realizar el túnel.

El 26 de julio se procedió a alquilar una casa vecina al Fuerte, disimulando la instalación de una carpintería, afín de no levantar sospechas. Sentenach, disfrazado, ingreso varias veces al Fuerte para tomar medidas visuales y cerciorarse de la dirección de las obras. Este segundo túnel sería de mayor dificultad, ya que debía atravesar una calle ancha y su realización debía llevarse a cabo con el mayor sigilo, ya que los zapadores no debían ser oídos en sus labores.

El 28 de julio se concluyó el túnel  por el cual se accedía al cuartel de la Ranchería.

El 1 de agosto; Sentenach se dirige al comandante de frontera Antonio Olavaria para  coordinar sus acciones conjuntamente con las que se realizaban en Buenos Aires, conforme a las disposiciones del gobernador de Montevideo, sabido que el militar, difícilmente recibiera de buen agrado órdenes de un civil, lo instaban a reunirse con las tropas alojadas en Perdriel y no acercarse a la ciudad, para evitar contrariedad en los planes.

Como el Perdriel faltaban cabalgaduras y escaseaban pastos para su manutención, Juan de Dios Dozo, salió a la campaña a procurarse lo que pudiera, realizaba esta labor a la par de mantener el orden dentro de la organización de los conjurados, ya que estaba a su cargo la paga y el control de los gastos que se sucedían en los preparativos.

Luego del Combate de Perdriel el día 2 de agosto, la labor de Sentenach y compañeros, fue la de seguir acopiando armas y municiones e impedir la desbandada de sus fuerzas. Desembarcado Liniers el día 5 de agosto envió a Juan Fornaguera para que informara a éste del estado de situación de la plaza y el día 6 envió a Esteva y Llach, quien informó sobre las medidas que tomaba el enemigo, su fuerza y distribución, informando además la conclusión de la mina de la Ranchería y el estado del túnel  hacia el Fuerte, solicitando, cinco o seis días más para concluir estas obras.

El día 9 de agosto despachó un informe por el cual notificaba a Liniers que había llegado a su conocimiento que en una reunión con su Estado Mayor, Beresford había decidido combatir dentro de la ciudad, impedido por el estado de los caminos debido a las intensas lluvias de los últimos días. El informe detallaba los planes de defensa del conquistador, como la ubicación de sus tropas y cañones. Era por cierto, un informe valioso de por sí, pero además demostraba que Beresford entraría al combate moralmente derrotado, por lo cual Liniers apresuró la marcha hacia Buenos Aires.

En su trayecto hacia Buenos Aires, recibió por parte de los vecinos todo tipo de apoyatura, caballos, carros, monturas y bagajes de toda especie, en parte de guerra dirá el día 11:

“Luego que acampé en las inmediaciones de la ciudad se agolparon las personas de menores conveniencias con municiones de boca para subsistencia  de la tropa, caballos, monturas y carros para bagaje. PIDIERON ARMAS HASTA LOS NIÑOS, se incorporaron al pequeño pie de ejército de Montevideo; se unieron a los miñones en las guerrillas de las calles dos días antes de la acción decisiva, y entraron en ella cargados con la artillería sin excepción de edades.”

 

En la tarde de ese día, Sentenach, Valencia y Dios Dozo, en nombre propio y el de los más de seiscientos hombres que tenían a su cargo (superior en número a las tropa embarcada con Liniers), con armas y municiones se unieron a las tropas libertadoras, se puede leer en el oficio que regularizó el ofrecimiento, firmando por el Comandante en Jefe:

 “Admito en todas sus partes la honorífica propuesta que expresa esta instancia, reservándome la ocasión más oportuna de exaltar el alto concepto que se merecen estos fieles y leales vasallos de nuestro Augusto Monarca “.

Sin esta apoyatura popular el destino de las armas hubiera sido distinto, ya que las tropas de Beresford eran superiores en número y calidad a las desembarcadas por Liniers.

También lo fue las acciones decisivas del día 12, Liniers tenía previsto iniciar  el ataque a las doce del mediodía, pero a las ocho de la mañana una columna de Miñones avanzó hasta las inmediaciones de la Iglesia de la Merced, donde se trenzó en combate en inferioridad de condiciones, por lo que pidió ayuda.

Fueron los hombres de Sentenach lo que acudieron en su ayuda, a pesar de la orden de detenerse emanada por el Comandante en Jefe, de esta manera continuaron avanzando y tomando posición de las azoteas desalojaron a los ingleses de la plazuela de la Merced. Los combates cuerpo a cuerpo se sucedieron casa por casa, azotea por azotea, calle por calle y de esta manera los hombres de Sentenach fueron los primeros en ingresar a la Plaza Mayor (hoy de Mayo), con su estandarte rojo y blanco , por la esquina de las actuales Avenida Rivadavia y Reconquista.

Al tomar conocimiento de estos hechos, Liniers se movilizó al frente de la mitad de sus tropas. Serán los voluntarios de Sentenach los que acorralarán a las tropas inglesas dentro del Fuerte (actual emplazamiento de la Casa Rosada), en donde finalmente han de rendirse.

En el informe sobre la Reconquista que elevó a la Corte titulado “Estado de las Tropas que intervinieron en la Reconquista”, Liniers omite que el aporte y el esfuerzo de los vecinos de Buenos Aires, son los que efectivamente producen el resultado final de la reconquista, en lugar de ello, asigna a las tropas de Montevideo, una importancia mayor a la que efectivamente tuvieron, ya que algunos no llegaron a combatir.

El Cabildo señaló esta injusticia y envió a través de Juan Martín de Pueyrredón para que mediante una amplia Memoria, pusiera las cosas en su debido lugar, pero esta Memoria, también omitía la labor de Sentenach y sus conjurados.

En virtud de tamaña injusticia, los catalanes se dirigieron al Cabildo por nota fechada el 23 de agosto de 1806, reclamando como:

 “Ofensivo al cuerpo político de esta ciudad, el que no se diga en el “Estado…”, que hubo más de dos mil quinientos  en la plaza de ella el día de su toma con la divisa de los voluntarios patriotas “y pidieron que Liniers hiciera saber, “nuestros nombres, cuerpo de nuestra gente que entró a la Plaza Mayor, ocupándola primero que otro alguno”.

Han pasado doscientos años y todavía sigue pendiente este reconocimiento a los valientes Padres Fundadores de nuestra Patria. Felipe Sentenach, Juan de Dios Dozo, Tomás Valencia (muerto en combate), aún esperan la justicia que trae la buena memoria.

 

Es que la Reconquista de Buenos Aires, aún no ha terminado.