Comisión Nacional por la Conmemoración del Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto de 2006) y de la Defensa de Buenos Aires (5 de julio de 2007)

Discurso Dr. Julio Carlos González

 

 

1806 – 12 de agosto - 2012

 

206° Aniversario de la Reconquista de Buenos Aires

 

 

 

Nacer según nuestro maravilloso idioma castellano es brotar, originarse en lo físico y en lo moral.

 

Nacionalismo es voluntad de permanecer y de apego a la historia, al idioma, a la cultura (del latín colere – cultivar) y destino común.

 

Todo esto requiere idéntico origen y un pueblo con identidad natural, distinta y opuesta a lo extranjero.

 

A lo extranjero idiomático, a lo extranjero musical y artístico, a lo extranjero de latitudes con otra idiosincrasia, a lo extranjero económico.

 

El solar, el pago, el país es una semilla que crece y que da frutos personales en hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y choznos que constituyen una estirpe. Estirpe es una raíz o tronco que constituyen un linaje para todas las generaciones de descendientes. De esta manera se afirman las identidades de los hombres y de los pueblos.  Se crea así la voluntad de ser, de existir y de luchar para proyectarse.

 

La soberanía es a las naciones lo que la personalidad es a los seres humanos y es resistir a ser considerados como mero ente biológico sin principios y sin fines.

 

En estos días sombríos constatamos que los medios de comunicación incrementan un vocabulario destructivo: que denominan gente a los pueblos y entes finitos a los hombres (Haidegger).

Hoy 12 de agosto día de la reconquista, es la fecha que nos impone reflexionar sobre conceptos y acaeceres decisivos para nuestras vidas y para la justificación de nuestras existencias. Porque el 12 de agosto de 1806 nacimos como país y como pueblo. Por eso los poderes del mal que nos dominan y destruyen sin cesar, ignoran esta fecha con un cinismo feroz.

 

El 12 de agosto de 1806 fue la fecha en la cual nuestros ancestros reconquistaron la nación que las fuerzas británicas habían empezado a conquistar el 27 de junio. 1806 fue el inicio de una conquista inglesa de las Españas de América, programado desde 1711 y mantenida durante dos siglos de predominio a influencia económica, cultural, política y jurídica. Es decir un neocolonialismo que nos ha convertido en país marginal y subdesarrollado.

 

1806 fue el principio de una conquista programada y mantenida, no una invasión circunstancial y transitoria.

 

La batalla de la reconquista fue el inicio de la raza argentina y de la vida contra la regla de cantidad monetaria de los británicos que pretende disolver todo el planeta.

 

El Estado nacional argentino nació en la jornada del 12 de agosto de 1806 y en la gran batalla de la Defensa que transcurrió desde el 1° hasta el 7 de julio de 1807. En esas jornadas se crearon los ejércitos de tierra y de mar. Se crearon con voluntarios por natural impulso, congregados para defender lo suyo.

 

El número de efectivos (50.000), la logística, y la voluntad inquebrantable de no transar nos dieron la victoria total sobre la primera potencia de la tierra.

 

Los planes de conquista de 1711 y de 1804 fueron quebrados por un ejército bisoño. Empero, el país que así nacía no tenía conocimiento pleno de este principio británico: “Cuando la derrota es terminante hay que reconocerle al enemigo la victoria pero reteniendo el poder”.

 

Beresford en los 57 días en que fue gobernador de Buenos Aires construyó un poder hasta ahora inquebrantable.

 

Procedió de la siguiente manera:

 

1°) Dejó al país sin moneda embarcando a Londres el tesoro de la Real Hacienda (banco central de aquella época) que sumaba 40 toneladas de oro y plata amonedadas que fue paseado por las calles de Londres. El país nunca se repuso de ese saqueo brutal y ostensible. Allí comenzó el déficit fiscal que nos agobia hasta nuestros días y la deuda externa permanente que fue la base de nuestras emisiones monetarias y que subsiste hasta el presente.

 

2°) Organizó la cofradía de perduelis en el libro del Capitán Gillespie que perduran hasta el presente. Allí figuran los apellidos de los súbditos británicos por opción que persisten hasta el día de hoy perturbando y dirigiendo nuestra economía y nuestras relaciones exteriores. Los apellidos de Martínez de Hoz, Alsogaray y Leguizamón son una biopsia de este factor de poder hasta ahora indestructible.

 

Nuestra geografía que en 1810 tenía 7.200.000 kilómetros cuadrados quedó reducida a 2 millones de kilómetros cuadrados hacia 1867.

 

La campaña del desierto posibilitó posteriormente la anexión de la Patagonia así sumamos la superficie actual continental de aproximadamente 3 millones de kilómetros cuadrados a los cuales debe adicionarse una superficie de más de 1 millón de kilómetros cuadrados de los archipiélagos australes y la Antártida.

 

La conquista armada británica complementada con la conquista económica. En 1820 ya eran 1.355 los comerciantes británicos instalados en Buenos Aires. En 1845 sumaban 18.000. Así resultó fácil a los británicos imponernos el Tratado del 2 de febrero de 1825 por el cual la marina mercante y los transportes comerciales interoceánicos de toda Hispanoamérica debían efectuarse en buques británicos. Gran Bretaña quedó así dueña exclusiva del contenido de bodegas, fletes, seguros y créditos que requiere el transporte marítimo.

Esto, aplicado a todo el hemisferio dio a Gran Bretaña el poder dinerario de la tercera parte del mundo.

 

En 1880, la mitad de las inversiones del Imperio Británico se hallaban en la Argentina.

 

Los pactos de 1902, el Tratado Roca-Runciman del 10 de mayo de 1933 y los Tratados de Paz por la guerra de Malvinas de Madrid (15 de febrero de 1990), y el de Londres (11 de diciembre de 1990), son el Tratado de Versailles que le impuso a nuestro país por la Guerra de las Malvinas. Por ello Argentina quedó sin patrimonio y con una deuda externa que no se detiene.

 

En definitiva: Argentina quedó sometida a la ley del vencedor y a la ley del acreedor.

 

La reconquista que se impone es por lo tanto, la de toda nuestra Nación.

 

Tal objetivo que corresponde como acción gubernamental, decisiva e irreversible. Se puede. En cambio dialogar con el país que nos domina jurídicamente por los Tratados que nos impuso es resignarse y perecer.

 

Debe recordarse que Tomás de Kempis (1379-1471) en una de las ediciones de su gran obra “Imitación de Cristo” señala que “quien a su enemigo alaba en manos de él perece”.

 

Dr. Julio C. González

12 de agosto de 2012

206° aniversario de la Reconquista de Buenos Aires

Cenotafio a los muertos de la Guerra Nacional de Malvinas

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

 

Comisión Nacional por la conmemoración del

Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto de 1806)

y de la Defensa de Buenos Aires (1 al 7 de julio de 1807)