Comisión Nacional por la Conmemoración del Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto de 2006) y de la Defensa de Buenos Aires (5 de julio de 2007)

Bicentenario tergiversado y silenciado

 

Si hoy, 12 de agosto, rememoramos el bicentenario de la Reconquista, es porque entre el 27 de junio y el 12 de agosto de 1806 hubo una conquista. Sí, una conquista territorial programada por la corona y el gobierno de Gran Bretaña.

No podemos seguir hablando de una simple y transitoria invasión. Menos aún calificarla de inglesa, vocablo éste que se refiere al pueblo inglés y no comprende al gobierno de Gran Bretaña. Esta férrea monarquía gobierna la conducción exterior con los países ubicados en el exterior y la economía del imperio británico –ahora llamado Commonwealth- que se integra actualmente con 57 países que abarcan 30 millones de kilómetros cuadrados y 1.600 millones de habitantes. Es por lo tanto, en su extensión la primera potencia del planeta tierra.

El gobierno británico planificó la conquista de Hispanoamérica en documentos oficiales de 1711 y 1804. En ambos se señala que el punto de poyo para la conquista de toda América habrá de ser la ciudad y puerto de Buenos Aires.

Los británicos no entraron como “gentlemen.” Tomaron nuestra ciudad con cruel ferocidad. Entraron a sangre y fuego, matando y violando mujeres y hasta niños, como lo documenta Roberto Marfani en su obra publicada hacia 1960.

En otra colección documental, titulada “Biblioteca de mayo” [1] se transcribió este testimonio de Beruti: “Hasta los niños de pecho mataron (los conquistadores británicos) si eran varones y aún mujeres embarazadas, hubo criaturas que, si no las mataron, pero por ser varones les cortaron las manos, tiranía que ni entre los bárbaros se ha visto.”

“Saquearon y mataron (los conquistadores británicos) sin distinguir edad. Al delito común, robo, incendio, asesinato, agregaron las profanaciones a los lugares sagrados, templos y conventos, aún de clausura, como el famoso pillaje a las catalinas…” “…no perdonando en su furor ni lo más sagrado de los templos, llevándose los vasos sagrados, custodias y cálices y demás alhajas, y finalmente violaban mujeres a la fuerza, siendo muy pocas las casas por donde pasaban que se libraban de su codicia e infernal furia.”

El primer objetivo, coetáneo al bestialismo narrado, fue la devastación económica monetaria. El virrey Sobremonte intentó salvar el Tesoro de la Real Hacienda (algo similar al actual Banco Central de la República Argentina), enviándolo a la ciudad de Córdoba con fuerte custodia militar. Los británicos interceptaron en Luján a la retaguardia que resguardaba los caudales. Y le enviaron un correo al virrey, notificándole que continuaría el saqueo y la matanza en Buenos Aires si no entregaba el Tesoro. El virrey Sobremonte, en un acto humanitario encomiable, ordenó que se les entregaran los caudales a los conquistadores para que detuvieran su orgía de sangre.

El tesoro embarcado en el navío “Narcisus” llegó a Portmouth el 13 de septiembre de 1806. El diario “The Times” informó: “Buenos Aires forma parte en este momento del Imperio Británico.”

El tesoro fue paseado por Londres en ocho grandes carros que transportaban cada uno cinco (5) toneladas de plata amonedada. En total, 40 toneladas de monedas de plata.

Aquí corresponde hacer una reflexión imprescindible: Nuestro país, como consecuencia del saqueo de 1806, devino a una independencia sin moneda. Y con esto comenzó el déficit fiscal que nos desangra desde hace doscientos años.

La falta de dinero y de recursos del Estado fue remediada transitoriamente con empréstitos. Por eso, la historia financiera argentina es la historia de los grandes e incesantes empréstitos sólo concertados para el despilfarro y pago de anteriores empréstitos.

 

Esto lo escribió José Terrry a fines del siglo XIX y un siglo después constatamos con gran dolor y frustración que continúa vigente.

 

Lo verdaderamente positivo para nuestro país fue que el 12 de agosto de 1806 fue creado el Ejército Argentino de tierra y de mar. El ejército de la Reconquista en esa fecha y el ejército de la Defensa en la gran batalla silenciada y tergiversada que transcurrió desde el 4 hasta el 7 de julio de 1807. Ese ejército de tierra y de mar -conforme la denominación de esa época- fue la obra del brigadier Santiago de Liniers, del brigadier Juan Gutiérrez de la Concha, de Juan Martín de Pueyrredón, de Martín de Álzaga, de Felipe de Sentenach y del coronel Juan de Dios Dozo. Este último organizó junto con Álzaga, los cuerpos de ejército, los cuerpos de milicianos, y con admirable precisión nunca recordada trazaron la estrategia de la Reconquista de 1806 y de la Defensa de 1807. A dos siglos de esa hazaña épica sin parangón en Hispanoamérica, todavía son acreedores a las honras y rememoraciones que toda Nación debe a sus fundadores.

 

No puedo terminar estas palabras sin recordar lo siguiente:

1º)                Durante el gobierno surgido de la Revolución Militar del 4 junio de 1943, que fue restauradora del Estado de Derecho con el lema y programa de que “la era del fraude ha terminado”, el 12 de agosto –día de la Reconquista- fue instituido como feriado nacional, con ceremonias conmemorativas en las escuelas primarias, colegios secundarios, unidades del ejército, bases navales y bases de la fuerza aérea.

2º)                El 12 de agosto de 1946, el presidente de la Nación general Juan D. Perón enterró en un monolito que se erigió en la Plaza de Mayo un mensaje para los argentinos, que debía ser abierto el 12 de agosto de 2006. Desgraciadamente, destituido su gobierno por la rebelión de septiembre de 1955, manos anónimas desenterraron y se llevaron ese mensaje histórico.

Empero, en el libro “Inglaterra y mi caída” el ex presidente dejó sentada esta frase: “Quizás un error nuestro fue no haber advertido que nuestro gobierno fue una etapa en la lucha ancestral con Gran Bretaña, iniciada el 12 de agosto de 1806.”

Ruego y encarezco a todos los presentes que, sin los preconceptos políticos de las épocas, reflexionen y mediten sobre el legado del 12 de agosto de 1806.

Reconquista de nuestra nacionalidad y del Estado Nacional.

Victoria, avance y futuro.

 

 



[1] “Biblioteca de mayo” – Tomo IV, p. 3.196 – Edición del Congreso de la Nación, 1960.