Comisión Nacional por la Conmemoración del Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto de 2006) y de la Defensa de Buenos Aires (5 de julio de 2007)

Queridos hermanos en Dios y la Patria:

 

 Al celebrar el bicentenario de la Reconquista de Buenos Aires, debemos tener presente la misión que recibimos, con sus esforzados ejemplos de nuestros padres. Como ellos la recibieron a su vez de generación en generación de los primeros en el paraíso. Cometido que se mantiene vigente dado, que los mandatos de Dios son eternos: “Cultivar y guardar la tierra”. Cultivarla es trabajarla para que de frutos y frutos en abundancia, implica también el ganado y todos sus otros bienes. De cultivo proviene la palabra cultura: el poder de la cultura lo es todo, es el arma más poderosa que tiene un pueblo.

Ahora bien, la última parte de la misión es más urgente que la primera, dado que si no guardamos la tierra, otros intrusos se quedaran con sus frutos en sus invasoras y opresoras manos. Sabemos que los que nos dividen son los imperios bestiales, las nuevas Babilonias apocalípticas, siempre sedientas de codicia y rapiña de los recursos ajenos. Dios nos ordenó guardarlos de toda acechanza. También lo hicieron los padres de la Patria al declarar la independencia del “poder colonial español y de toda dominación extranjera” en 1816, porque ellos habían luchado y rendido 10 años antes, a los invasores y saqueadores anglosajones. Los guardadores de la Patria sabían cuanto apetecían y aún ahora, desean y querrán nuestros enemigos, el paraíso.

¡Argentina es el paraíso a guardar! Misión que obliga a todo argentino noble y fiel, por la que sus hijos contentos irán a la muerte, ya que la Patria es más que la suma de sus partes.

  Desde Tucumán, cuna de la Independencia, tras recorrer mil trescientos kilómetros, camino que anduvieron las tropas tucumanas al socorro de Buenos Aires; vengo tributarles la debida gloria a sus sacrificios que no se arredraron ante el porfiado enemigo y los arrostraron hasta rendirles, y en ellos: a las mujeres, las grandes olvidadas de la historia. Como no podría ser de otra manera, lo haré por todas, mencionando a dos tucumanas, ya que son las que traspasan la cultura. Estas lo hicieron con la espada, la pluma y la palabra, como veremos:

  En los días 10, 11 y 12 de agosto de 1806, se desataron duros combates contra el invasor y saqueador del bárbaro anglosajón por las calles de Buenos Aires, hasta la  reconquista de la misma. El pueblo en armas participó de la batalla. Las mujeres disputaban con los hombres el legítimo derecho a la defensa. En medio de la lucha más encarnizada en la actual Plaza de Mayo (antes llamada Plaza Mayor), mientras, Don Santiago de Liniers y Bremond, capitán de la marina española encabezaba la fuerza que asaltaba la hoy Casa Rosada (que era una fortaleza); una mujer de un cabo de la Asamblea, mujer del pueblo glorioso. Se destacó entre los combatientes, acompañando a su marido, como las fogosas celtas y godas de la antigüedad.      La fiereza del combate no la acobardó, sino que aguantando en fiera lucha, resistió la metralla enemiga al lado de los patricios. Su marido cayó herido de muerte, dejándole como testimonio su fusil, al que tomó Manuela, la Tucumanesa como la llamaban y batió al asesino de su esposo. Recibió del gran Liniers y Bremond, el grado de alférez y goce de sueldo. Escribiendo: "No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de Asamblea, llamada Manuela la Tucumanesa, que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza mató un inglés del que me presentó el fusil".

  De doña Manuela pasaremos a otra tucumana, escogidas entre tantas: Doña Águeda Tejerina de Posse como sostiene don Alberto Lacavera: “El corazón inspirado y grande de una dama providencial contribuyó a salvar la situación... segura de su ascendiente personal y confiada en el prestigio social que le granjearon sus méritos indiscutibles, en una proclama fulgurante de civismo invocó, en cálidas y tocantes palabras, el patriotismo de las damas tucumanas...”: “Doña Agueda Tejerina de Posse, vecina de esta ciudad de San Miguel de Tucumán, hace la siguiente proclama a sus amadas compatriotas:

 

Tucumanas: Llegó el tiempo en que es preciso manifestar los sentimientos de patriotismo, vasallaje y honor que también nos animan... La causa de tantos movimientos que advertís en las autoridades es común y los perjuicios del azote que nos amaga han de ser trascendentales a todos sin distinción de personas y estados.

Un sólo golpe resta para que el enemigo Inglés posesionado en la Capital de Buenos Aires continúe sus hostilidades al interior del Reino para después de sus porfiados ataques se haga dueño de nuestro Patrio suelo, de nuestros dominios y propiedades y que enarbolando sus banderas, suelte el freno al despotismo y rigor, promulgando leyes de severidad y espanto. En un sólo salto consiste en que veamos con dolor perturbada la religión santa con que nos educaron  nuestros padres, pues la sangrienta y atrevida mano de ese enemigo le pone también en blanco de sus injustos tiros. Ya tenemos de asiento en la plaza de Montevideo a ese enemigo guerrero: la proporción que le asiste para hostilizar de continuo a la Capital de Buenos Aires es bien conocida y por eso se trata de esforzar la defensa...

Todos al efecto han contribuido varias sumas a proporción de sus facultades y sin más que levantar la bandera..., en menos de cuatro días ya tenemos ochenta y tantos voluntarios: y que los más infelices han hecho demostraciones de verdaderos compatriotas oblando alguna suma entre la indigencia que les oprime.

Tucumanas, nuestro sexo jamás puede reputarse de menor condición en esta parte, y así es preciso que expliquéis nuestros sentimientos suscribiéndoos a continuación por las sumas que queráis oblar, que yo me suscribo por la de cincuenta pesos.”

“Doña Águeda, espíritu acicateado por la situación que conmueve al país, no se dio con esto por satisfecha: salió a la calle y, haciendo sonar el fru fru de sus enaguas fue de casa en casa levantando una colecta...”José Posse

“El éxito de la suscripción superó las mayores esperanzas. La vibrante exhortación de doña Águeda había conmovido hondamente a los estamentos directivos de la sociedad tucumana”, quienes respondieron al llamado de la matrona.

“Gracias a esto, Tucumán logró equipar y enviar a la capital un contingente muy significativo de tropa: unos 1.600 hombres, constituyendo 7 compañías de soldados cuyo equipo y armamento habían sido posibles gracias a la suscripción popular. El Cabildo, al agradecer esa colaboración, destacaría la importancia del gesto de la Señora de Posse.”.

“Por lo demás, el matrimonio Posse fue uno de los principales miembros de la cofradía de Españoles encargada del cuidado de la imagen de la Virgen de la Merced... la que recibió el bastón de mando de Belgrano quién la proclamó generala del Ejército, luego de la Batalla de Tucumán de 1812.”

“La tradición familiar afirma que doña Águeda Tejerina, por otro lado, contribuyó con la venta de sus joyas a la formación del Ejército de los Andes...” “Los Posse. El Espíritu de un Clan” de José María Posse.

  En doña Águeda podemos ver un arquetipo de matrona que tuvo en claro su cultura y el papel que le cupo en la historia fue decisivo para la Patria naciente. Así es que llama al amor al terruño, pero más lo hace por la cultura y su sentido de trascendencia. Denotando su conocimiento de la situación, las amenazas, fortalezas y sentido de oportunidad. Lo acusa al enemigo de guerrero, despótico y la futura imposición rigurosa de leyes ajenas, intrusas y extrañas (cualquier semejanza con el hoy es pura coincidencia). Sobre todo, ve la amenaza contra la “Religión Santa”, hacia su cultura con “sangrienta y atrevida mano”. Apela y exhorta a la resistencia, puso de manifiesto la necesidad de la nación en armas contra el invasor, buscando destacar y alentar el protagonismo de todo el pueblo, advirtiéndoles que ante tamaña amenaza, no les estaba permitido permanecer indiferente, ni escudarse ni siquiera en el sexo.

Con un claro conocimiento de las cuestiones públicas y ciudadanas, les muestra con su ejemplo personal a “esforzar la defensa”, respetando a las autoridades constituidas, colaborando con ellas en la búsqueda del bien común. Su proclama, si bien es dirigida exhortar a todos, pone especial énfasis en el sexo femenino, origen de las grandes determinaciones, poniéndole en papel de igualdad con el masculino en cuanto a responsabilidades políticas, durante tan tenebrosos momentos; dando luz a la fuerza moral: “querer el deber”. Su amor paciente, su persistencia junto a otras mujeres, logró en poco tiempo, una cifra enorme de soldados para la época y las fuerzas empeñadas en Buenos Aires.

  Rendido el enemigo, continuó cimentando el clan familiar, mediante el traspaso de cultura, clan  que dio con su apoyo numerosos gobernadores de provincias y los destacados presidentes: Gral. Julio Argentino Roca; Dr. Nicolás Avellaneda y Gral. Domingo Faustino Sarmiento, entre otros. La matrona como dice el libro de José Posse, para rematar, la familia le rendía una “especie de culto” de la cual, tengo el honor de descender por cuatro lados.

Hoy parece que hay centinelas que no guardan la Patria, porque miran para otro lado, duermen, son indiferentes o trabajan deslealmente para los imperios que se disputan nuestros recursos. No se juegan por nada, están conformes con la situación propia alcanzada. Condicionan sus decisiones personales o de grupo por temor servil o favoritismo a intereses de parte: lo que es corrupción y por tanto infidelidad a la Patria; lo cual es traición.      Respondamos al ejemplo de los padres de la unión e independencia de la Patria: ¡Uniéndonos! Dejando de lado los conflictos, busquemos todo lo que nos cohesiona.

El paraíso de Argentina a guardar y cultivar: es de los argentinos, por los argentinos y para los argentinos.

Los saludo con el saludo de los comandos: ¡Dios y Patria o muerte!