Palabras del VGM My (R) Jorge Manuel Vizoso Posse

 

 

Discurso del My r VGM JORGE MANUEL VIZOSO POSSE, el 2 de abril de 2010, en la ciudad de Buenos Aires, propiciado por el Foro Patriótico y Popular: 

Queridos hermanos en Dios y la Patria:

Renovados y firmes en la brecha, nos encontramos para  recordar la gesta de Malvinas y la sangre de nuestros héroes derramada en el altar de la Patria. También nos convoca el Bicentenario de nuestra Nación.

Bicentenario que nos sorprende divididos, por mezquinos y obscuros intereses de facción, muy alejados del bien común y del bienestar general que motiva nuestra Constitución.

Como exclamara con enorme pesar poco antes de morir, nuestro amado y admirado héroe de la Independencia, el Grl Manuel Belgrano: ¡Esta guerra civil que nos devora! Parece que aún tiene resabios dicha guerra.

La unidad perdida y aún no encontrada, debe ser nuestra prioridad, ya que ella nos dará el ser (sin suprimir la diversidad); reconociendo al otro, se construye el nosotros. Doña Agueda Tejerina de Posse, una heroína algo olvidada por los argentinos, decía  en su proclama a las mujeres tucumanas, el 10 de  marzo de 1807 con motivo de las invasiones inglesas:”La causa…es común y los perjuicios del azote que nos amaga han de ser trascendentales a todos sin distinción de personas y estados”,”Un solo golpe resta para que el enemigo Inglés posesionado en la capital de Buenos Aires continúe sus hostilidades al interior del Reino para que después de sus porfiados ataques se haga dueño de nuestro Patrio suelo, de nuestros dominios y propiedades y que enarbolando sus banderas, suelte el freno al despotismo y rigor, promulgando leyes de severidad y espanto. En un solo salto consiste en que veamos con dolor perturbada la religión santa con que nos educaron nuestros padres, pues la sangrienta y atrevida mano de ese enemigo le pone también de blanco de sus tiros. Ya tenemos de asiento en la plaza de Montevideo a ese enemigo guerrero: la proporción que le asiste para hostilizar de continuo a la capital de Buenos Aires es bien conocida y por eso se trata de esforzar la defensa”.

Este enemigo que impera, busca siempre el dominio por la fuerza, la consumación de los hechos, mediante la violencia contra el  derecho y la justicia, queda bien descrito por nuestra Águeda, ya que no cambio para nada su política imperial y perversa.

Busca desanimarnos con la desmalvinización, reducir nuestra moral, esa determinación y convicción de resistir la opresión hasta el final, cualquiera sean las consecuencias. Saben que queriendo nuestro deber de luchar por la libertad, bajo el calor del amor a la Patria, seremos invencibles. Así también, persiguen minar nuestra cultura, con la contracultura. Un pueblo sin principios, desamorado y sin convicciones es fácil presa de la piratería, por su debilidad intrínseca.

Recientemente, los británicos realizaron ejercicios militares desproporcionados, modernizaron sus naves y con bombos y platillos nos avisan para disuadirnos que tienen en nuestras aguas un submarino nuclear, violando el tratado de Tlatelolco, que prohíbe el uso de armas nucleares en Latinoamérica, sin que nadie reclame tal afrenta a los numerosos países que los suscribieron, incluso ellos y nosotros. Es más que evidente que vendrán por más, ya que son espoleados por la carencia de recursos y su natural codicia, los que solo quedan en abundancia en Sudamérica. Nosotros, los sudamericanos, debemos saber que este es el comienzo, la cabeza de playa de las futuras invasiones por esa carencia de recursos naturales que sufren Europa y Asia.

La necesidad de la unión argentina y sudamericana es esencial, para que no nos conviertan en la saqueada y desangrada África. Nosotros no deseamos los conflictos, pero es muy torpe e ilusorio creer que por ello, estos no nos envolverán, dado que estamos sobre los recursos que quedan en el planeta. Su arbitraria decisión de las 350 millas náuticas (de 1852m c/u) es decir de 648,2 Km, configuran un área de alrededor de 4.000.000 de Km2.(una Argentina o cuatro Bolivias). Pensar que este enorme avance les detendrá, es un desopilante error. Vendrán por más, eso es más que evidente. Doña Águeda los describe: de atrevida y sangrienta mano y como enemigo guerrero.

Por tanto, pretender detenerlos con la utópica ilusión de los reclamos diplomáticos en la ONU, OEA  y demás, habla más de temeridad y cobardía que de prudencia. De temeridad por que es creerse las propias mentiras, y de cobardía por no tomar al toro por las astas, dado que estos reclamos serán diálogos de sordos, pues ellos no se sentarán a negociar sin la amenaza de una respetable espada.

Porque de la resignación a la subyugación e inacción que tuvimos de 1833 a 1982, pasamos al apresuramiento en el mismo año, creyendo que la victoria sería rápida, aunque varias veces nos fue esquiva. Hemos aprendido que la paciencia no debe ser resignación, sino resistencia con obras y esperanza en una larga y sufrida preparación, aguantando sin apresuramientos, en la obtención de las metas. La guerra es de los que aguantan, obedeciendo los mandatos del honor en la procura de la libertad y vida de la Patria.

Ningún problema se soluciona sin un planteo y una respuesta adecuada para la solución del mismo, tampoco lo hacen por si solos, sino que hay que esforzarse en la mente y el cuerpo para lograr - sacrificio de por medio - los objetivos nacionales, dado que entre naciones nada se regala y prima la ley de la selva.

Les proponemos a nuestra dirigencia que dejemos las declamaciones y nos dediquemos a las obras, a solucionar los problemas mediante una adecuada conducción y preparación. Que restablezca el justo orden contra la injusticia, y su despótica violencia para obtener la paz, esa tranquilidad en el orden de San Agustín.

Ejerciendo la virtud de la prudencia, la que nos hace buscar siempre el bien común, dado que sólo en él, nos es permitido encontrar el propio bien. Desplegando una justa memoria de los hechos del pasado, ver sus soluciones y respuestas, aprendiendo de la historia que es maestra. Eso nos permitirá hacer crecer la humildad, escuchando a otros, dialogando, consensuando, dado que como dice la Biblia: “Mediante un sabio consejo harás la guerra”, “la guerra es cuestión de ingenio”.

Entonces, podremos empezar a desplegar la sagacidad desarrollando los medios justos y adecuados para alcanzar los fines propuestos. Todo mediante una clara previsión, desarrollando un estratégico plan, verdadero árbol que ramifique flexiblemente, los planes sucesivos, sin abandonar el tronco y mucho menos, las raíces. Circunscribiéndonos a los hechos de la realidad sin deformaciones subjetivas y ajustándonos a  las circunstancias que los rodean. Empleando en el aquí y ahora, la luz de la razón que todo lo aclara, sin falsas contradicciones filosóficas, sus sofismas e intereses vasallos. Por todo ello, la precaución debe estar siempre atenta para ver como evitar, sortear o enfrentar los peligros sin sufrir daño o con el menor daño posible.

La precaución se realiza con un adecuado planeamiento, considerando en las acciones las exigencias del tiempo y del espacio, en todo momento y lugar, serán a largo plazo, alrededor de 15 años, con sus respectivos ensayos y costos. Organizando los medios, dirigiéndolos hacia los objetivos, coordinando las acciones para que se logren los acuerdos y consensos, y por sobre todo, controlándolas para evitar desviaciones o corrigiéndolas si se produjeran en la política interior y exterior; en la economía y la organización de la sociedad; en la difusión, cultura, educación, seguridad y defensa. En aquel momento, sí sentarse a negociar desde una posición de fortaleza y no de debilidad, como nos encontramos ahora.

Así cumpliremos con el mandato de los padres de la Patria en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816 al declarar la independencia del poder colonial español y de toda otra dominación extranjera.

Teniendo una firme esperanza de éxito, basada en la confianza en una larga y paciente preparación con la firme determinación de lograr nuestras Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur o de morir con gloria por ellas, así los hijos de la Patria por verla respetada y honrada, contentos irán a la muerte, si es necesario.

Imitando a los que derramaron su fértil sangre en el territorio irredento, en la gesta iniciada el 2 de abril de 1982, sangre que por nobleza nos obliga a hacerla fructificar con el logro de los objetivos.

Les saludo con el saludo de los comandos: 

¡Dios y Patria o muerte!