Palabras del VGM Marcelo Miceli

 

 

2 de abril de 2010

 

Autoridades, camaradas veteranos de guerra, familiares, compatriotas:

 

Es un honor para mí estar en este lugar emblemático donde cada año, junto con un grupo de patriotas, dedicamos nuestro tiempo  y expresamos nuestros sentimientos por una causa que consideramos justa y por la que nos ha tocado combatir en 1982 en una guerra desigual contra el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, buscando no solo recordar a los que dieron su vida en el campo de batalla sino también reivindicar la lucha por la definitiva recuperación de nuestras Islas Malvinas y demás islas, archipiélagos, mares y espacios invadidos y usurpados por el gran imperio.

 

¿Reivindicar una batalla bélica? No, no estoy tratando de decir eso. Creo que ninguno que haya vivido esta experiencia puede reivindicar la guerra; me estoy refiriendo concretamente a la inclaudicable lucha por la restitución a nuestro patrimonio de todos los territorios que nos corresponden por derecho y por historia en forma inapelable. ¿Por qué inapelable? Porque si fuese apelable el Reino Unido no utilizaría todo su potencial Bélico para defender argumentos deliberadamente insostenibles ya que, históricamente, han intentado matar a la verdad con fuego de metralla al no poder revertir los sólidos argumentos esgrimidos por nuestro país desde hace casi 200 años y también desde mucho antes, diría que desde el tratado de Tordesillas , pasando por innumerables tratados que jamás han cumplido y de los que, lamentablemente, no solo los Argentinos somos víctimas.

 

Alguna vez, un político argentino ha dicho que lo único que se hace de arriba para abajo es un pozo, dando a entender que todo se debe hacer de abajo hacia arriba, con cimientos que permitan la construcción de políticas de estado referentes a Malvinas serias y sostenibles en el tiempo, lo cual, no solo nos daría coherencia sino también dignidad como país.

A modo de ejemplo, no veo coherente que no se haya derogado aún el tratado anglo argentino de 1990 cuya duración era por 10 años y ya llevamos casi 20 y no he sabido de un mísero atisbo del estado en ponerle fin a este verdadero pacto macabro de entrega.

 

Quiero referirme ahora a mis hermanos Veteranos de guerra de todo el país, sin distinción de ningún tipo, que tanto han luchado y siguen luchando desde distintos lugares, a los que dan charlas en las escuelas, a los que luchan incansablemente por la salud, el trabajo, los derechos y la dignidad de todos aquellos que combatimos en 1982 y seguimos combatiendo en la actualidad, a los valientes que tomaron un micrófono en radios de todo el país para que nuestros conciudadanos conozcan testimonios con infinidad de matices, muchos de ellos llenos de un valor y un heroísmo que eriza la piel; Pero también a aquellos que sin ser veteranos de guerra trabajan en la difusión de la causa Malvinas, como es el caso, a modo de ejemplo, de Graciela Bellatti, Sandro Rojas, Susana Saelices, y tantos otros que le han puesto un soplo de aire fresco y una caricia al alma a los corazones de los veteranos.

 

Seguiré sosteniendo que ninguno de los 649 héroes, cuyos nombres están eternizados en estos mármoles, ha muerto en vano, como tampoco es en vano la lucha de los familiares de caídos, verdaderos baluartes del amor y no del odio que reina en tantas partes del mundo.

 

Vivir no es lo mismo que sobrevivir, amar no es lo mismo que querer, preocuparse no es lo mismo que ocuparse, ceder no es renunciar, ser equitativo no es ser igualitario.

Algún día los Argentinos tendremos que darnos cuenta que Malvinas no es una causa de los veteranos de guerra, están involucrados todos los ciudadanos de nuestro bendito país; El tiempo no se detiene, Argentina mira y Gran Bretaña avanza con sutileza, sin prisa pero sin pausa. Nos daremos cuenta cuando nos vendan a nosotros mismos nuestro petróleo, nuestra agua, nuestro producto de la pesca, nuestros metales preciosos y estratégicos, igual que cuando se llevaban nuestras vacas y nos vendían los cueros? ¿A caso sigue sucediendo lo mismo? ¿Cuanta más sangre se necesita? Ojalá que ni una sola gota más!!!