Palabras del Dr. Julio Carlos González

 

Señor almirante Don Carlos Büsser, Señores oficiales superiores, señores jefes, oficiales, suboficiales y combatientes de la guerra de Malvinas

    Señoras y Señores:

 

     El océano insondable del espíritu del hombre se expresa con emotividad. Es decir, con la emoción provocada por todo aquello que la impacta en un fragmento de tiempo. Empero, racionalmente las emociones son la pauta para gobernarse en la ejecución de un acto. De un acto decisivo para lograr el fin tan supremo que una vida se propone, o al menos para justificar la existencia de la misma.

     El hombre no vive, sino que convive; y los países no existen, sino que coexisten. En esta apreciación se halla el habitáculo para las personas que como actores o testigos constituyen la generación que vivió duramente la guerra de Malvinas.

Generación es un segmento de vivientes coetáneos. No cuentan las edades, sino el hallarse abarcados por una situación que incide sobre todos y cada uno de los convivientes y países coexistentes.

     Tal la situación derivada de la guerra de Malvinas. La emoción del martirio y del heroísmo a todos nos abarca. Y las consecuencias de los Tratados de Paz impuestos por Gran Bretaña en Madrid (15 de febrero) y en Londres (11 de diciembre) de 1990, a todos nos comprende.

     Porque estos tratados de paz fueron un calco del Tratado de Versailles impartido a Alemania después de la Primera Guerra Mundial de 1914 – 1918.

     Como aconteció con Alemania, Argentina quedó por causa de esos tratados sin patrimonio y sin derechos. Sin patrimonio porque debió entregar a los intereses británico-norteamericanos empresas del Estado como Fabricaciones Militares y Astilleros Navales y la Fábrica Militar de Aviones; organismos del Estado como puertos y aeropuertos; bancos nacionales y todos los bancos de los Estados Provinciales con excepción del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Toda su cuenca petrolera y su cuenca minera. Tierras fiscales en extensiones enormes.

     La deuda de guerra que se aplicó a Alemania fue de 132.000 millones de marcos oro. Una analogía muy significativa fue la deuda externa dejada por el presidente Menem que firmó los Tratados de Paz con Gran Bretaña. La misma, al 10 de diciembre de 1999, fecha en que terminó su mandato, ascendía a 150.000. millones de dólares.

     Hoy la deuda pública asciende aproximadamente a 300.000 millones de dólares. Se paga contrayendo nuevas deudas.

     En síntesis, por lo consignado en los Tratados de Paz por la guerra de Malvinas, Argentina es un territorio tributario y un país sin patrimonio. Aclaramos que “Patria” es un vocablo que constituye la raíz de patrimonio.

     Hemos perdido además el Derecho Público que determina la existencia del Estado en la comunidad internacional. No somos ya un Estado, porque no tenemos derechos sino obligaciones derivadas de contratos leoninos y usurarios que se nos imponen para ser pagados con el hambre y la sed de los argentinos, como dijera el presidente Nicolás Avellaneda en 1874.

     Si el derecho es la sistematización de fuerzas para finalidades racionales de justicia y de bienestar general, un país sin Fuerzas Armadas, carece entonces de Derecho Público.

     Se impone reiterar que Gran Bretaña respeta solamente a quien se hace respetar por la coerción de sus Fuerzas Armadas, que es lo que efectiviza el mandato del derecho a nivel internacional.

     La ausencia de este principio elemental deforma los actos de gobierno en palabras vacuas. En sonidos sin sentido. Hoy no hay país y no hay autoridad en el gobierno.

 

     Combatientes de Malvinas: A ustedes que arriesgaron sus vidas, les corresponde ahora algo más trascendental: forjar en todo el país el Movimiento Nacional que acuñe un programa jurídico-económico para reconquistar y fundar el Estado Nacional Argentino definitivo e irreversible.

     Dios Nuestro Señor, fuerza de todas las fuerzas y causa de todas las causas, nos ampare para que así sea.

     ¡Pensamiento y trabajo!